Luna de Miel

domingo, octubre 30, 2005

Un viaje para quedar como bolsa

Partimos el Lunes 24 de Octubre a las 9,30 AM. Nos fue a dejar Pancho Labra. El aviòn partìa a las 13 hs, pero la ansiedad de irnos era total.

Nos tomamos nuestro cafè en la sala de embarque, y nos fumamos las 13 horas que tenìamos por delante. Fuimos los ùltimos en embarcar, lo que atrasò la salida de Iberia en aproximadamente 10 minutos.

Llegamos a Madrid como a las 7,30 AM, dejamos nuestras maletas en un Locket y nos fuimos al centro en el Metro. Turismo duro, esa es la idea, insertarnos de inmediato en la realidad del paìs visitado. Sin taxis, ni comodidades. En el Metro, a las 8 de la mañana, sin haber dormido un minuto, y con todo España yendo a trabajar. Es sin duda, una experiencia hermosa.

Bajamos en el centro en la estaciòn SOL. Centro centro madrileño. Bocinazos, gente comprando el diario, mucho movimiento, y nosotros como bolsa. Entramos a un cafè de mala muerte. Cafè Jamaica. Aùn se sentìa el aroma a la noche anterior. No sabìamos si estàbamos despiertos, y nos fuimos caminando hacia la Plaza Mayor a tomarnos una foto. La foto tìpica de cualquier ciudadano que haya pisado Madrid. Luego nos fuimos !...a caminar...!

Mis tacos aguja, las patas como bofe, desvelada y con un olor a galgo traspirado, bajamos por Alcalà, destino al Correo. Cuando supe que quedaba seis cuadras màs abajo, atinè a que era imposible llegar viva allà, y doblamos por la Gran Vìa, implorando volver al aeropuerto a tenderme de guata en el suelo. Alvaro quiso que subièramos ocho cuadras para ver el Estadio Santiago Bernabeau del Real Madrid, lo que me pareciò de pèsimo gusto, porque el futbol no me atrae en lo màs mìnimo. Asì, bajamos en la estacion de la Gran Vìa y volvimos a Barajas, a esperar nuestro vuelo a Stuttgart.

El vuelo a Stuttgart, de dos horas y media, para mì durò solo tres minutos en que me despertè para decirle a Alvaro que estaba roncando muy fuerte y que el resto de los pasajeros podrìa presentar una queja formal a la aerolìnea. Llegamos a las 11,30 de la noche y el hotel estaba cerrado. Afortunadamente nos escucharon y sin màs me tirè a la cama y dormì, dormì y dormì hasta las 6,30 AM

Estàbamos justo al lado de un monasterio antiquìsimo que era una abadìa de monjes renacentistas, que hacìan sonar las campanas cada 15 minutos desde las 6,30, invitando a los pecadores a orar. Bonita causa. La campana quedaba justo en la ventana del dormitorio, y Alvaro !no la escuchò! sino hasta las campanadas de las 8 AM, en que ya no era un simple campanazo, sino que un festival de campanadas, seguramente dando a entender al mundo que los pecadores se habìan redimido.

1 Comentarios:

At 11:32 a. m., Anonymous Anónimo dice...

El tema de las campanas no es nada nuevo para mí, ahora creo que entienden a la perfección la queja sutil de Francisco después de nuestro viaje a Colombia, lamentablemente somos un pueblo bastante pecador. O bueno la Iglesia nos enseña el tema "RECORDACIÓN DE MARCA", ahhh no disculpen eso es algo muy nuevo según los gurús del marketing.

 

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